Los ultimos 3 años he celebrado mi cumpleaños en este restaurante. Antes de entrar a la sala a cenar te hacen pasar a una biblioteca donde te toman nota y te obsequien con una "delicatessen". Mas tarde te llevan a una sala donde hay cuatro mesas y una distancia de unos 15 metros entre ellas, asi que hay una intimidad maravillosa. Un camarero llenando copas, otro trayendo pan recien horneado. Y el camarero que traen la cena y te la presenta. Solo con escuchar la explicacion ya se te abre el apetito. Nosotros siempre hacemos el menu degustacion y a pesar que son platos reducidos, como hay tantos que llega un momento que no puedes mas. Ah! Y sin olvidarme del aceite de oliva de cosecha propia. Delicioso! Es un vicio con el pan. Y despues de los postres y el cafe, hay de cortesia de la casa unos bombones y, a pesar de lo gosola que soy, no pude probarlos, porque no podia comer mas. Asi que con este restaurante he roto todos los moldes, no en todos los restaurantes de de degustacion se sale con hambre. Por otro lado, para los detalles navideños, mi marido y yo compramos aceite de oliva de la Boella, que los hacen en unos formatos y presentaciones maravillosos, y son un regalo fabuloso. O almenos, a nosotros nos lo parece.
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Siempre habíamos ido a visitar bodegas y esta vez quisimos variar visitando un molino de aceite. La visita es super-recomendable aunque seguro que es mejor entre octubre y diciembre cuando hay producción de aceite. La visita guiada fue exclusiva para nosotros dos. Estuvimos casi 2 horitas viendo las instalaciones del molino, haciendo la cata de 3 aceites, viendo una de las maquetas de trenes más grandes de España y también nos interesó conocer el hotel y el centro de convenciones. Muy buena opción. |